La Anomia 

Para explicar este término es bueno recordar la anécdota hindú que expresa claramente el mensaje de la anomia:

Cerca de las nubes, donde las corrientes frescas de aire pueden hacer pasear con facilidad la imaginación en las alturas. Ahí, entre grandes distancias donde se permite una de las más excelentes vistas panorámicas, volaba una elegante águila. Sus alas eran ya tan extensas que entre una punta y la otra, media casi los tres metros. en su cara se notaba una tremenda satisfacción por la vida y el volar. Se percibía seguridad en sí misma, decisión, paz, gozo, individualidad, destreza, autorrealización.

Ni siquiera reflexionaba en que a esa altura y con las fuertes corrientes de aire abría posibilidades de caer en el abismo y destrozarse. No pensaba en que si dudaba de sus movimientos podría desgarrarse algún músculo o tal vez marcarse. o asegurar el no volar tan alto por si le faltara el corazón. Podría deducirse que era enorme su confianza en Dios, su creador. Volaba con la enorme confianza que su Dios sabe crear bien a sus criaturas. Confianza cierta, que no le permitía pensar en lo incierto. Creía en si mismo y en su Dios. Podría decirse que lo tenía todo. No buscaba nada más.

Después de haber colocado en su nido un huevo, una mañana decidió buscar más ramas para fortalecer y proteger del sol a su nuevo pesebre. Volaba bajo y luego subía a su nido. Sólo tiraba las ramas acumulándolas para después darles forma. {Repitiendo ese mismo ejercicio varias veces, se encontraba de repente en el suelo justo en línea recta entre la vista de un cazador y la mira de su asesina escopeta. Cuando el águila se percató de la penetrante mirada, volteó a ver cruzando su vista por esa línea recta hasta llegar al ojo ansioso del cazador justo en el momento que una fuerte llamarada le cegó la vista y la vida.

Se produjo entre las faldas de las imponentes montañas un natural grito ahogado entre el fuerte estallido metálico. Esos ruidos no eran comunes en esos espesos bosques donde también habitaba un granjero. Éste sorprendido, corrió para conocer lo sucedido y se entristeció al notar que alguien se alejaba cargando en la espalda aquella águila fría, que él siempre se deleitaba ver cada mañana. Recordó cómo en las mañanas admiraba su elegancia al remontar las alturas de esa región. Por la forma en que estuvo subiendo ramas a su nido podía apostar que había puesto un huevo. Aceptó su propia apuesta y corrió escalando con dificultad hasta el nido. Efectivamente, había un huevo. Lo guardó en la mochila que había llenado de hojas de pino para proteger el huevo. Al llegar a su casa el granjero fue directo al gallinero para colocar el huevo de águila entre los huevos que estaban siendo empollados por las gallinas.

Poco antes de que todos los huevos iniciaran su proceso de nacimiento, el granjero de avanzada edad murió de repente. Se podía percibir una mezcla de sentimiento de tristeza junto con la gran alegría de la nueva vida.

Los pollos y el águila nacieron. Todos crecieron juntos. Los polluelos se burlaban del águila pues la consideraban torpe por no poder realizar su “pío, pío” como los demás pollitos. No era muy aceptada por tener muy obscuras y alargadas sus plumas. Sin embargo, logró hacer amistad con un polluelo. Crecieron juntos. Ya grandes, el águila y la gallina, soñaban con volar alto pero las demás gallinas se reían y burlaban. En las mañanas veían a las demás aves volar lejos y alto pero estaban muy convencidas, águila y gallina que nunca volarían así.

El águila quería ser alguien especial, con voluntad propia, con más optimismo y entusiasmo. Quería volar alto, pero no lo creía posible. Una mañana, la amiga gallina, se dio cuenta de la diferencia entre las gallinas y las águilas. Salió corriendo para decirle a su amiga águila que ella no era gallina y que podría volar muy alto. Cuando la encontró se lo dijo y la entusiasmó para que volara.

Le dijo que ella creía firmemente que podía volar muy, pero muy alto. El águila, viendo las hermosas nubes, veía a las demás águilas, veía a su amiga y se veía a sí misma. Con una cara muy escéptica hizo un ruido con la boca:”Nnntz”. Luego, dijo:”No, no tengo la capacidad de volar. Aunque parece que podría, no creo que pueda. Sólo soy una simple gallina destinada a pasear entre las ramas”.

Su amiga gallina gritaba y cacareaba enojada para manifestarle que estaba equivocada. Insistió por muchos días, pero todo fue en vano. un día muy hermoso y despejado, el águila, de avanzada edad, salió a contemplar la salida del sol pero antes del amanecer dejó de existir. Murió sin saber de lo que pudo ser capaz.

Síntomas de la Anomia

No cree que puede. Generalmente aparenta poder.

No cree en sus cualidades ni en las de los que le rodean.

Cree fácilmente que está inundada de defectos y también su alrededor.

No se ve como un individuo.

Se siente cómodo al ser masa. Busca pertenecer a grupos, pero como masa.

Cree que sus fracasos y triunfos dependen de los demás. Le gusta el papel de víctima.

Tiene una baja autoestima.

Tiene poca seguridad en sí mismo.

No planifica, pues no confía en el futuro. No tiene objetivos. Su vida no tiene sentido

No toma decisiones ni tiene iniciativa. No es proactivo.

No acepta estímulos positivos. Ante ellos generalmente produce un ruido. ¡Nnntz´na!

No reparte estímulos positivos.

Acepta estímulos negativos, aunque no sean reales. reparte estímulos negativos.

No le gusta construir. Destruye, critica y se burla del que desea crecer.

Le cae mal la gente segura de si misma; les considera altaneros, creídos o pesados.

No cree en la hermandad o solidaridad.

No le da valor a su apellido, su escuela, su universidad, su empresa, su nación.

Estos síntomas no siempre son reconocidos por las personas con anomia. Sueñan o aparentan ser lo contrario. Las personas con anomia, además padecen de “Excusitis”. No se hacen responsables de sus actos. Cuando es así, hacen uso frecuente de palabras que repiten al inicio de su conversación: Fíjese que o… Es que… Algo más tiene la culpa…. Cuando yo llegue ya estaba así…. Siempre lo hemos echo así….Siempre hay una razón por la que no se pueden hacer las cosas positivas. También esperan que las cosas negativas dejen de suceder por sí solas o por la iniciativa de alguien más. Se quejan de por qué suceden. Por qué hay injusticia, por qué hay poca paz o tanta violencia, por qué su país o el mundo está tan mal y descompuesto. Cuando se preguntan por qué, da la impresión de que no creen que pueda existir lo opuesto: paz, bienestar, progreso éxito en el trabajo.

Si regresamos a la historia del águila. Recordará que el mensaje de este cuento se vuelve historia real de muchas personas. Se creen gallina y mueren sin llegar a creer en su propia realidad y en los dones que dios les ha dado. Hay gallinas en los países desarrollados y en los que están en ese proceso, pero abundan más águilas que se creen gallinas en los países que no creen que puedan desarrollarse.

Cuando se escucha a alguien quejarse de por qué le pasan las cosas malas, es bueno recordarse del famoso científico-inventor (descubridor) Thomas Alba Edison, que dijo: Unos ven las cosas de la vida y se preguntan: ¿por qué? Yo sueño cosas que no existen y digo ¿por qué no? Él siempre decía: Todo es posible, el problema es definir cuándo. A continuación le presento un fragmento de una entrevista que le hicieran (Multimedia Enciclopedia, 1992):

¿Cuántas pruebas realizó para descubrir la luz eléctrica?

– Para descubrir la luz eléctrica intente 327 veces.

– ¿Qué aprendió de ello?

– Que hay 326 formas de no hacer la luz eléctrica.

– ¿Y si en la oportunidad 327 no hubiera descubierto la luz, que habría hecho?

Estaría intentando nuevamente, en vez de perder el tiempo como lo estoy haciendo ahora con usted.
Además de no tener anomia, Thomas A. Edison fue muy perseverante, una gran cualidad para un ejecutivo de éxito. Su actitud lo llevó a inventar la luz eléctrica, el fonógrafo, la batería, el proyector de cine y más de 1,000 inventos que él patentó.

Hay muchas águilas que se creen gallinas y perjudican a muchas personas que les rodean: su esposa (o), sus hijos, sus familiares, amigos, compañeros de trabajo…Algunos van más lejos y se creen ratas y hasta cucarachas. Las creencias manejan las vidas de las personas.

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